Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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¿Cómo fue que los economistas lo hicieron tan mal?
por Paul Krugman

VII. Defectos y fricciones

La economía, como campo, se metió en problemas porque los economistas fueron seducidos por la visión de un sistema de mercados perfecto, sin fricciones. Si la profesión debiera redimirse, debería reconciliarse con una visión menos encantadora, la de una economía de mercado que tiene muchas virtudes pero que está atravesada por fallas y fricciones. La buena noticia es que no estamos obligados a empezar de cero. Aún durante el apogeo de la economía de los mercados perfectos se realizó mucho trabajo sobre las formas en que la economía real se apartaba del ideal teórico. Lo que probablemente ha de suceder ahora, y de hecho ya está sucediendo, es que la economía de los defectos y fricciones se trasladará desde la periferia hacia el centro de la economía.

Ya existe un ejemplo bien desarrollado de la clase de economía que tengo in mente: la escuela de pensamiento conocida como finanza comportamental. Los practicantes de este enfoque ponen énfasis en dos cosas. Primeramente, que muchos inversores del mundo real presentan poca semejanza con los fríos calculadores de la teoría de los mercados eficientes: ellos son demasiado proclives a los comportamientos de manada, a arranques de exuberancia irracional y de pánico injustificado. En segundo lugar, aún aquellos que intentan basar sus decisiones en fríos cálculos, con frecuencia se encuentran imposibilitados: problemas de confianza, de credibilidad y garantías limitadas los obligan a correr con el rebaño.

Acerca del primer punto: aún durante el auge de la hipótesis de los mercados eficientes parecía evidente que muchos inversores del mundo real no son tan racionales como lo suponen los modelos prevalecientes. Una vez Larry Summers empezó un artículo sobre finanzas declarando: "HAY IDIOTAS. Mire alrededor". ¿Pero de qué clase de idiotas (el término preferido actualmente en la literatura académica es "negociadores de ruido") estamos hablando?. La finanza comportamental, basada en el movimiento más amplio conocido como economía comportamental, trata de responder a esta pregunta relacionando la aparente irracionalidad de los inversores con sesgos conocidos en la cognitividad humana tales como la tendencia a prestar más atención a las pequeñas pérdidas que a las pequeñas ganancias o la tendencia a extrapolar demasiado pronto a partir de pequeñas muestras (p. ej. suponer que, porque los precios de las viviendas subieron en los años recientes, seguirán subiendo).

Hasta la crisis, los abogados de los mercados eficientes, como Eugene Fama, descartaron la evidencia presentada en nombre de la finanza comportamental como una colección de "curiosidades" sin importancia real. Esta posición es mucho más difícil de sostener ahora que el colapso de una vasta burbuja, una burbuja correctamente diagnosticada por economistas comportamentales como Robert Shiller de Yale quien la relacionó con episodios pasados de "exuberancia irracional", puso de rodillas a la economía mundial.

 

Acerca del segundo punto, supongamos que hay, en efecto, idiotas. ¿Cuánto importan? No mucho, argumentaba Milton Friedman en un influyente artículo de 1953: los inversores inteligentes ganarán dinero comprando cuando los idiotas venden y vendiendo cuando ellos compran y, en ese proceso, estabilizarán el mercado. Pero la segunda línea de pensamiento de la finanza comportamental dice que Friedman estaba equivocado, que los mercados financieros son a veces altamente inestables y, ahora, esa opinión parece difícil de rechazar.

Probablemente el artículo más influyente en este sentido fue una publicación de 1997 de Andrei Schleifer de Harvard y Robert Vishny de Chicago que equivalía a una formalización del viejo adagio que "el mercado puede seguir siendo irracional durante más tiempo que lo que dure tu solvencia". Como lo señalaron, los arbitrajistas - aquellos que se supone que compran barato y venden caro- necesitan capital para hacer su trabajo. Y una severa caída en el precio de los activos, aunque sea un sinsentido en términos fundamentales, tiende a agotar dicho capital. En consecuencia el dinero inteligente es expulsado del mercado y los precios podrían entrar en una espiral descendente.

La propagación de la crisis actual parece casi como una lección sobre los peligros de la inestabilidad financiera. Y las ideas generales que subyacen los modelos de inestabilidad financiera han demostrado ser sumamente relevantes para la política económica: el foco puesto sobre el agotamiento del capital de las instituciones financieras ayudó a guiar las medidas políticas adoptadas después de la caída de Lehman y parece (cruce los dedos) como si esas medidas hubieran permitido evitar un colapso financiero aún mayor.

Mientras tanto ¿qué pasa con la macroeconomía?. Los acontecimientos recientes han refutado de modo bastante decisivo la idea de que las recesiones son una respuesta óptima a las fluctuaciones del ritmo de progreso tecnológico; un punto de vista más o menos Keynesiano es el único discurso plausible en el vecindario. Pero los modelos Neo-Keynesianos estándar no dejaban lugar a una crisis como la que estamos teniendo, porque esos modelos aceptaban la idea de los mercados eficientes del sector financiero.

Hubo algunas excepciones. Una línea de trabajo, iniciada por nada menos que Ben Bernanke conjuntamente con Mark Gertler de la Universidad de New York, ponía énfasis en la forma en que la falta de garantías suficientes puede obstaculizar la capacidad de las empresas para obtener fondos y perseguir oportunidades de inversión. Una línea de trabajo relacionada, ampliamente instalada por mi colega de Princeton Nobushiro Kiyotaki y John Moore de la London School of Economics, argumentó que los precios de activos como los inmobiliarios pueden sufrir caídas auto-alimentadas las que, a su vez, deprimen al conjunto de la economía. Pero hasta ahora el impacto de las finanzas disfuncionales no ha estado en el centro de la economía, ni siquiera la Keynesiana. Claramente esto debe cambiar.

Próxima parte: VIII. Regresando a Keynes

Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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