Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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¿Cómo fue que los economistas lo hicieron tan mal?
por Paul Krugman

IV. El problema con la macro

"Nos metimos en un lío colosal equivocándonos en el control de una máquina delicada cuyo funcionamiento no comprendemos. El resultado es que nuestras posibilidades de prosperidad pueden ser nulas por un tiempo, quizás un largo tiempo". Eso escribió John Maynard Keynes en un ensayo titulado "La gran Recesión de 1930" en la que el trataba de explicar la catástrofe que en ese entonces agobiaba al mundo. Y las posibilidades de prosperidad efectivamente fueron nulas por un largo período; se necesitó la 2ª Guerra Mundial para terminar definitivamente con la Gran Depresión.

¿Porqué el diagnóstico de Keynes sobre la Gran Depresión como un "lío colosal" fue tan convincente al principio y porqué, alrededor de 1975, la economía estaba dividida en campos opuestos respecto del valor de las opiniones de Keynes?

Me gustaría explicar la esencia de la economía Keynesiana con una historia verdadera que sirve también como una parábola, una versión a pequeña escala de los desórdenes que pueden afectar a economías completas. Consideremos las tribulaciones de la Cooperativa de "baby-sitting" Capitol Hill.

Esta cooperativa, cuyos problemas se han relatado en un artículo de 1977 en The Journal of Money, Credit and Banking, era una asociación de alrededor de 150 parejas jóvenes que habían acordado ayudarse mutuamente para cuidar de los niños cuando sus padres deseaban salir de noche. Para asegurar que cada pareja hiciera su justa parte de la tarea, la cooperativa introdujo una suerte de vales: cupones de papel grueso, cada uno de los cuales daba derecho al portador a media hora de guarda de los niños. Inicialmente los miembros recibían 20 cupones al unirse al grupo y se les solicitaba devolver la misma cantidad cuando se separaran del mismo.

Lamentablemente, aconteció que los miembros de la cooperativa, en promedio, deseaban mantener una reserva de más de 20 cupones, quizás para el caso de que quisieran salir varias veces seguidas. En consecuencia, relativamente pocas personas deseaban gastar sus vales y salir, mientras que muchas deseaban cuidar niños de modo de poder acrecentar su ahorro. Pero, como las oportunidades para cuidar niños acontecen solamente cuando alguien sale de noche, entonces los trabajos de guarda eran difíciles de hallar, a causa de lo cual los miembros de la cooperativa eran más renuentes a salir, lo que tornaba los trabajos aún más escasos.

En resumen, la cooperativa cayó en una recesión.

Y bien, ¿qué piensa usted de esta historia? No la descarte por tonta y trivial: los economistas se han servido a justo título de ejemplos a pequeña escala para aclarar grandes cuestiones desde que Adam Smith vio las raíces del progreso económico en una fábrica de alfileres. La pregunta es saber si este ejemplo en particular en el que la recesión es un problema de demanda inadecuada -no hay suficiente demanda de guarda de niños para dar trabajo a todos lo que lo desean- lleva al fondo de lo que sucede en una recesión.

Hace cuarenta años la mayoría de los economistas habrían estado de acuerdo con esta interpretación. Pero desde entonces la macroeconomía se dividió en dos grandes facciones: economistas "de agua salada" (principalmente en universidades de zonas costeras de los EEUU), que tienen una visión mas o menos Keynesiana de lo que se tratan las recesiones y economistas "de agua dulce" (principalmente de escuelas de tierra adentro) que consideran dicha visión como carente de sentido.

Los economistas de agua dulce son, en esencia, puristas neo-clásicos. Creen que todo análisis económico válido parte de la premisa de que las personas son racionales y de que los mercados operan, una premisa refutada por la historia de la cooperativa de baby-sitting. A su modo de ver, una carencia general de demanda suficiente es imposible porque los precios siempre se mueven para adaptar la oferta con la demanda. Si la gente desea más cupones de guarda, el valor de los mismos aumentará de modo que valdrán, digamos, 40 minutos de guarda en lugar de media hora o, de modo equivalente, el costo de una hora de guarda bajará de 2 cupones a 1,5. Y esto resolveria el problema: El poder adquisitivo de los cupones en circulación habrá aumentado de modo tal que la gente no deseará atesorar más, y entonces no habrá recesión.

Pero, ¿las recesiones no se parecen a períodos en los cuales simplemente no hay demanda para emplear a todo aquel que desea trabajar?. Las apariencias pueden ser engañosas, dicen los teóricos de agua dulce, La sensatez económica, en su opinión, dice que las caídas generalizadas de la demanda no pueden acontecer, y ello significa que no acontecen. La economía Keynesiana ha "demostrado ser falsa" dice Cochrane, de la Universidad de Chicago.

Sin embargo las recesiones suceden. ¿Porqué? En la década de 1970 el prominente macroeconomista de agua dulce, el premio Nobel Robert Lucas, argumentaba que las recesiones eran causadas por una confusión temporaria: los trabajadores y las empresas tenían dificultades en distinguir los cambios generalizados en los niveles de precios causados por la inflación o la deflación de los cambios en la situación de sus áreas de actividad particulares. Y Lucas advertía que toda tentativa de luchar contra el ciclo económico sería contraproducente: las políticas activas, argumentaba, sólo agregarían a la confusión.

En la década de 1980, sin embargo, aún esta aceptación severamente limitada de la idea de que las recesiones son algo malo había sido rechazada por muchos economistas de agua dulce. En lugar de ello los nuevos líderes del movimiento, especialmente Edward Prescott que estaba entonces en la Universidad de Minnesota (se puede ver de dónde viene el apodo de agua dulce)(*), argumentó que las fluctuaciones de precios y los cambios de la demanda en realidad no tienen nada que ver con el ciclo económico. Más bien el ciclo económico refleja fluctuaciones en el ritmo de progreso tecnológico, las cuales son amplificadas por la respuesta racional de los trabajadores que voluntariamente trabajan más cuando el entorno es favorable y menos cuando es desfavorable. El desempleo es una decisión deliberada de los trabajadores de tomarse unas vacaciones.

Digamos francamente que esta teoría suena tonta. ¿Realmente la Gran Depresión fue la Gran Vacación? Para ser honesto, pienso que es realmente ridículo. Pero la premisa básica de la teoría del "ciclo económico real" de Prescott fue incorporada en modelos matemáticos ingeniosamente construídos que eran proyectados sobre datos reales usando técnicas estadísticas sofisticadas y la teoría terminó dominando la enseñanza de macroeconomía en muchos departamentos universitarios. En 2004, reflejando la influencia de la teoría, Prescott compartió el Nobel con Finn Kydland de la Universidad Carnegie Mellon.

Al mismo tiempo los economistas de agua salada se oponían. Mientras que los economistas de agua dulce eran puristas, los de agua salada eran pragmáticos. Economistas como N. Gregory Mankiw en Harvard, Olivier Blanchard en M.I.T. y David Romer en la Universidad de California Berkeley reconocían que era difícil reconciliar una visión Keynesiana de las recesiones enfocada en la demanda con la teoría neoclásica y, al mismo tiempo, consideraban que la evidencia de que las recesiones estaban de hecho causadas por la demanda era de demasiado peso como para ser rechazada. Entonces ellos querían desviarse de supuestos de mercados perfectos o de racionalidad perfecta o de ambos, incorporando suficientes imperfecciones como para acomodar una visión más o menos Keynesiana de las recesiones. Y en la visión del agua salada las políticas activas para combatir las recesiones siguieron siendo deseables.

Pero los autodenominados economistas Neo-Keynesianos no eran inmunes a los encantos de los individuos racionales y los mercados perfectos. Ellos intentaron mantener sus desvíos de la ortodoxia neoclásica tan limitados como fuera posible. Esto significó que en los modelos prevalecientes no había lugar para burbujas y colapsos del sistema bancario. El hecho de que dichas cosas continuaran aconteciendo en el mundo real -hubo una terrible crisis financiera y macroeconómica en gran parte de Asia en 1997-8 y una caída con grado de depresión en Argentina en 2002- no quedaba reflejado en la corriente principal del pensamiento Neo-Keynesiano.

Aún así, usted podría pensar que las diferentes visiones del mundo de los economistas de agua dulce y de agua salada habrían causado constantes desacuerdos sobre política económica. Sorprendentemente, sin embargo, entre 1985 y 2007 las disputas entre economistas de agua dulce y salada eran principalmente acerca de la teoría y nó de la acción. La razón, creo yo, es que los Neo-Keynesianos, al contrario de los Keynesianos originales, no pensaban que la política fiscal -cambios en el gasto del gobierno o impuestos- era necesaria para combatir recesiones. Ellos creían que la política monetaria, administrada por los tecnócratas en la Fed, podría proveer todos los remedios que la economía necesitaba. En una celebración de los 90 años de Milton Friedman Ben Bernanke, anteriormente un profesor más o menos Neo-Keynesiano en Princeton y en esos días un miembro del consejo de administración de la Fed, declaró a propósito de la Gran Depresión: "Usted tiene razón, nosotros lo hicimos. Lo lamentamos mucho pero, gracias a usted, ya no volverá a suceder". El claro mensaje era que todo lo que usted necesita para evitar depresiones es una Fed más inteligente.

Y mientras que la política macroeconómica fue dejada en manos del
maestro(**) Greenspan, sin programas de estímulo de corte Keynesiano, los economistas de agua dulce no tuvieron casi nada de qué quejarse. (Ellos no creían que la política monetaria trajera ningún beneficio pero tampoco creían que fuera dañina)

Se necesitaría una crisis para mostrar cuán poco había en común y cuán Panglossiana se había vuelto la economía, aún la Neo-Keynesiana.

 

 

(*) N. del T.: aparentemente el nombre del estado de Minnesota proviene de una palabra Dakota que significa algo así como "agua turbia"

(**) N. del T.: En italiano en el original

Próxima parte: V. Nadie podría haberlo previsto ...

Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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