Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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¿Cómo fue que los economistas lo hicieron tan mal?
por Paul Krugman

I. Confundiendo belleza con verdad

Ahora es difícil de creer pero no hace mucho tiempo los economistas se felicitaban por el éxito de su profesión. Esos éxitos - o así lo creían - eran tanto teóricos como prácticos, llevando a la profesión a una era de oro. En el plano teórico pensaban que habían resuelto sus conflictos internos. Así, en un artículo de 2008 titulado "El estado de la macro" (es decir la macroeconomía, el estudio de las grandes cuestiones tales como las recesiones), Olivier Blanchard del MIT, ahora el economista jefe del Fondo Monetario Internacional, declaró que "el estado de la macro es buena." Las batallas de antaño, dijo, habían terminado y había habido una "amplia convergencia de la visión". Y en el mundo real los economistas creían tener las cosas bajo control: el "problema central de la prevención de depresiones ha sido resuelto", declaró Robert Lucas, de la Universidad de Chicago en su discurso presidencial de 2003 a la American Economic Association. En 2004 Ben Bernanke, un ex-profesor de Princeton que es hoy presidente de la Junta de la Reserva Federal, celebraba la Gran Moderación en el desempeño económico durante los dos decenios precedentes, la cual él atribuía en parte a las mejores decisiones de política económica.

El año pasado todo se derrumbó.

Pocos economistas vieron venir la crisis pero este error de previsión fue el menor de los problemas del área. Más importante fue la ceguera de la profesión a la posibilidad misma de fallos catastróficos en una economía de mercado. Durante los años dorados los economistas llegaron a pensar que los mercados eran inherentemente estables, es decir que las acciones y otros activos estaban siempre valuados a su justo precio. Nada en los modelos imperantes sugería la posibilidad de un colapso del tipo del que sucedió el año pasado. Sin embargo los economistas estaban divididos en sus opiniones. Pero la principal división era entre aquellos que insistían en que las economías de libre mercado nunca pierden el rumbo y aquellos que pensaban que las economías pueden desviarse cada tanto pero que cualquier desvío importante del camino de la prosperidad puede y debe ser corregido por la todopoderosa Fed. Ninguno de ambos campos estaba preparado para hacer frente a una economía que descarriló a pesar de los mejores esfuerzos de la Fed.

Y al despertar la crisis las grietas en la profesión de la economía se han ensanchado más que nunca. Lucas dice que los planes de estímulo de la administración Obama son "economía baratija" y su colega de Chicago John Cochrane dice que se basan en "cuentos de hadas" desacreditados. En respuesta Brad DeLong de la Universidad de California Berkeley escribe sobre el "colapso intelectual" de la Escuela de Chicago, y yo mismo he escrito que los comentarios de los economistas de Chicago son producto de una Edad Oscura de la economía en la cual conocimientos adquiridos con mucho trabajo han sido olvidados.

¿Qué pasó con la profesión de la economía? ¿Hacia dónde marcha desde aquí?.

Como yó lo veo , la profesión económica se extravió porque los economistas, como grupo, confundieron la belleza, vestida con matemáticas de aspecto impresionante, con la verdad. Hasta la Gran Depresión la mayor parte de los economistas se aferraron a una visión del capitalismo como un sistema perfecto o casi. Esta visión no podía sostenerse a la vista del desempleo masivo pero, a medida que los recuerdos de la Depresión se desvanecían, los economistas volvieron a enamorarse de la vieja visión idealizada de una economía en la cual individuos racionales interactúan en mercados perfectos, esta vez embellecida con fantasiosas ecuaciones. El renovado romance con el mercado idealizado fue, sin duda, en parte una respuesta a los cambios de los vientos políticos, en parte una respuesta a los incentivos financieros. Pero mientras que los años sabáticos en la Hoover Institution y las oportunidades de empleo en Wall Street no son de despreciar, la causa principal del fracaso de la profesión fue el deseo de un enfoque totalmente abarcador, intelectualmente elegante, que diera también a los economistas una oportunidad de exhibir su destreza matemática.

Desdichadamente esta visión romántica y aséptica de la economía llevó a la mayor parte de los economistas a ignorar todas aquellas cosas que pueden salir mal. Se hizo la vista gorda a aquellas limitaciones de la racionalidad humana que a menudo conducen a burbujas y estallidos; a los problemas de instituciones que se salen de control; a las imperfecciones de los mercados, especialmente los financieros, que pueden hacer que el sistema operativo de la economía sufra accidentes repentinos, inesperados; y a los peligros que surgen con los reguladores que no creen en la regulación.

Decir adonde va la profesión de la economía a partir de aquí es mucho más difícil. Lo que es sin embargo casi seguro es que los economistas deberán aprender a convivir con el desorden. Es decir que tendrán que aceptar la importancia de comportamientos irracionales y a menudo impredecibles, enfrentar las imperfecciones de los mercados, frecuentemente idiosincrásicas, y aceptar que una elegante teoría económica "de todo" está muy lejos aún. En términos prácticos esto se traducirá en asesoramientos de políticas más prudentes y en una menor predisposición para desmantelar salvaguardas económicas en la fe de que los mercados resolverán todos los problemas.

Próxima parte: II. De Smith a Keynes y vuelta

Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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