Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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¿Cómo fue que los economistas lo hicieron tan mal?
por Paul Krugman

II. De Smith a Keynes y vuelta

El nacimiento de la economía como disciplina se atribuye generalmente a Adam Smith, que publicó "La Riqueza de las Naciones" en 1776. Durante los siguientes 160 años se desarrolló un extenso cuerpo de teoría económica cuyo mensaje central fue: Confíe en el mercado. Es verdad que los economistas admitían que había casos en que los mercados podían fallar, de los cuales el más importante era el caso de las "externalidades", los costes que las personas imponen a los demás sin pagar el precio, como la congestión de tráfico o la contaminación. Sin embargo, la presunción básica de la economía "neoclásica" (así llamada por los teóricos de fines del siglo diecinueve que trabajaron a partir de los conceptos de sus predecesores "clásicos") era que deberíamos tener fe en el sistema de mercado.

Esta fe fue, sin embargo, destrozada por la Gran Depresión. En realidad aún enfrentados al colapso total algunos economistas insistían en que cualquier cosa que suceda en una economía de mercado es necesariamente correcta: "Las depresiones no son simplemente males", declaraba Joseph Schumpeter en 1934 ¡1934!. Ellas son, agregaba, "formas de algo que debe ser hecho". Pero muchos economistas, y finalmente la mayoría de ellos, se plegaron a la perspicacia de John Maynard Keynes en la explicación de lo que había sucedido y por una solución a las depresiones futuras.

En contra de lo que usted pueda haber oído, Keynes no quería una economía operada por el gobierno. Él describió su análisis en su obra maestra de 1936, "Teoría General de la Ocupación, el Interés y el Dinero" como "moderadamente conservador en sus implicaciones". Deseaba reparar el capitalismo, no reemplazarlo. Pero desafió la noción de que las economías de libre mercado pueden funcionar sin supervisión, expresando un desprecio particular por los mercados financieros a los que veía como dominados por la especulación a corto plazo y poco interesados por los fundamentos. Y reclamaba la intervención activa de los gobiernos para luchar contra el desempleo durante las recesiones imprimiendo más dinero y, si era necesario, realizando importantes gastos en obras públicas.

Es importante entender que Keynes hizo mucho más que afirmaciones atrevidas. La "Teoría General" es una obra de análisis profundo; análisis que persuadió a los mejores jóvenes economistas de su época. Sin embargo la historia de la economía durante el pasado medio siglo es, en gran medida, la historia de un alejamiento de Keynesianismo y un retorno al neoclasicismo. El renacimiento neoclásico fue inicialmente conducido por Milton Friedman de la Universidad de Chicago que afirmó ya en 1953 que la economía neoclásica sirve suficientemente bien como descripción del modo en que la economía funciona realmente como para ser "a la vez extremadamente fructífera y digna de mucha confianza". pero ¿qué hacer con las depresiones?

 

El contraataque de Friedman contra Keynes comenzó con la doctrina conocida como monetarismo. Los monetaristas no discrepaban en principio con la idea de que una economía de mercado requiere una estabilización deliberada. "Ahora somos todos Keynesianos" dijo Friedman una vez, aunque más tarde protestara por haber sido citado fuera de contexto. Los monetaristas afirmaban sin embargo que una forma de intervención del gobierno muy limitada, circunscripta a prescribir a los bancos centrales mantener la oferta de dinero del país; la suma de efectivo circulante más los depósitos bancarios; creciendo de modo constante, era todo lo que se necesitaba hacer para evitar recesiones. Notoriamente Friedman y su colaboradora Anna Schwartz argumentaron que si la Reserva Federal hubiera hecho apropiadamente su trabajo, la Gran Depresión no habría tenido lugar. Más tarde Friedman hizo una argumentación convincente en contra de cualquier intento del gobierno de empujar el desempleo por debajo de su nivel "natural" (actualmente se cree alrededor de 4,8% en los EEUU): políticas excesivamente expansionistas conducirían, predijo, a una combinación de inflación y alto desempleo, una predicción que fue confirmada por la estanflación de los años 70 y que hizo avanzar mucho la credibilidad del movimiento anti-Keynesiano.

Finalmente, sin embargo, la contrarrevolución anti-Keynesiana fue mucho más allá de la posición de Friedman quien vino a verse como relativamente moderado en comparación con lo que estaban diciendo sus sucesores. Entre los economistas de las finanzas la visión despectiva de Keynes de los mercados financieros como un "casino" fue reemplazada por la teoría de los "mercados eficientes" que afirma que los mercados financieros fijan siempre el precio correcto de los activos en función de la información disponible. Mientras tanto muchos macroeconomistas rechazaron completamente el marco analítico de Keynes para la comprensión de las depresiones económicas. Algunos retornaron a la visión de Schumpeter y otros apologistas de la Gran Depresión, viendo a las recesiones como una cosa buena, parte de de los ajustes de la economía a los cambios. Y algunos que no deseaban ir tan lejos argumentaban que cualquier intento de combatir una depresión económica haría más mal que bien.

No todos los macroeconomistas estaban dispuestos a seguir este camino: muchos se volvieron, en su propia descripción, Nuevos Keynesianos y continuaron creyendo en un rol activo para el gobierno. Aún así ellos, en su mayoría, aceptaron la noción de que los inversores y los consumidores son racionales y que los mercados hacen generalmente bien las cosas.

Hubo, por supuesto, excepciones a estas tendencias: unos pocos economistas desafiaron la presunción de comportamiento racional, cuestionaron la creencia de que se puede confiar en los mercados financieros y señalaron la larga historia de crisis financieras que tuvieron consecuencias económicas devastadoras. Pero nadaban contra la corriente, imposibilitados de avanzar mucho en contra de una complacencia invasiva y, en retrospectiva, tonta.

Próxima parte: III. Finanzas "Panglossianas"

Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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