Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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¿Cómo fue que los economistas lo hicieron tan mal?
por Paul Krugman

V. Nadie podría haberlo previsto ...

En recientes y apesadumbradas discusiones económicas, "nadie podría haberlo previsto ..." se convirtió en un remate útil para todos los fines. Es lo que uno dice acerca de desastres que podrían haber sido previstos, deberían haberlo sido y en realidad fueron previstos por algunos pocos economistas de quienes se burlaron por su preocupación.

Tome, por ejemplo, la abrupta subida y caída de los precios de las viviendas. Algunos economistas, entre ellos Robert Schiller, identificaron la burbuja y advirtieron sobre las dolorosas consecuencias si viniera a explotar. Sin embargo importantes responsables políticos omitieron ver lo obvio. En 2004 Alan Greenspan descartó rumores de una burbuja en la vivienda.: "una severa distorsión de precios a nivel nacional", declaró, es "sumamente improbable". En 2005 Ben Bernanke dijo que los aumentos de los precios de las viviendas "reflejan ampliamente sólidos fundamentos económicos".

¿Cómo no vieron la burbuja? Para ser justos, las tasas de interés eran inusualmente bajas, lo que posiblemente explicaba en parte el aumento de precios. También podría ser que Greenspan y Bernanke deseaban celebrar el éxito de la Fed en haber sacado a la economía de la recesión de 2001; aceptar que gran parte de este éxito se basó en la creación de una burbuja monstruosa habría atenuado las festividades.

Pero había algo más dando vueltas: una creencia generalizada de que las burbujas simplemente no suceden. Lo que llama la atención cuando uno relee las afirmaciones tranquilizadoras de Greenspan es que no estaban fundadas en la evidencia, se basaban sobre la afirmación a priori de que simplemente no puede haber una burbuja con la vivienda. Y los teóricos de las finanzas eran aún más inquebrantables sobre este punto. En una entrevista de 2007 Eugene Fama, padre de la hipótesis de los mercados eficientes, declaró que "la palabra 'burbuja' me vuelve loco" y se puso a explicar porqué podemos confiar en el mercado de la vivienda: "los mercados de vivienda son menos líquidos pero la gente es muy cuidadosa cuando compra una casa. Típicamente es la mayor inversión que van a realizar, de modo que buscan con mucho cuidado y comparan precios. El proceso de compra es muy detallado".

Efectivamente, aquellos que compran casas comparan cuidadosamente los precios, es decir, comparan el precio de su posible compra con los precios de otras casas. Pero ésto no nos dice nada sobre si el precio de las casas en general está justificado. Nuevamente, es economía ketchup: puesto que una botella de ketchup de dos cuartos cuesta el doble que una de un cuarto, entonces los teóricos de las finanzas declaran que el precio del ketchup es necesariamente correcto.

En resumen, la fé en los mercados financieros eficientes cegó a muchos, si nó a la mayoría, de los economistas frente a la aparición de la mayor burbuja financiera de la historia. Y la teoría del mercado eficiente también tuvo un rol significativo inflando dicha burbuja para empezar.

Ahora que la burbuja no diagnosticada reventó, quedó de manifiesto el verdadero riesgo de valores que se suponían seguros y el sistema financiero demostró su fragilidad. Las familias estadounidenses han visto evaporarse riquezas por valor de 13 billones(*) de dólares. Se perdieron más de 6 millones de puestos de trabajo y la tasa de desempleo parece encaminarse a su nivel más alto desde 1940. Entonces, ¿qué consejos tiene para ofrecer la ciencia económica moderna en nuestras actuales dificultades?, ¿deberíamos confiar en ellos?.

 

(*) N. del T.: billones "latinos", millones de millones

Próxima parte: VI. La querella sobre los estímulos

Esta es una traducción del artículo publicado en el diario New York Times del 6 de septiembre de 2009.

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